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Contra desmadre, despadre

despadreAl gober de Sonora se le quitó lo “padre”. Dos “soplamocos” –rapapolvos, diría mi abuelita– y un grito bien gritado bastaron para hacerlo recular.

Desde su feudo norteño, Gullermo Padrés asumió que su poder virreinal podía más que el poder real; intentó expulsar a los delegados federales de varias instituciones que operan en Sonora. ¿El panista no entiende la diferencia entre lo federal y lo estatal? Ante el desmadre, despadre.

Primero, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, recetó al gobernador iracundo una cucharada de amarga medicina. Si los delegados federales son personas non gratas en tierra sonorense, el señor Gobernador tampoco es bienvenido en el Palacio de Cobián… y para el ardor, pomada.

Por lo pronto, los delegados federales nombrados por el Ejecutivo se quedan donde están; no van a ninguna parte. El Presidente de la República enfrenta el berrinche del gober panista con la receta infalible del “estate quieto”; le manda una comisión de intervención política de alto nivel, encabezada por el secretario del Trabajo, los subsecretarios del Medio Ambiente y Sagarpa, el titular de Cofepris y el Procurador Federal de Protección al Ambiente. Le echa montón, pues.

Los enviados presidenciales respirarán en la nuca del mandatario estatal de aquí a que se resuelva el tema del derrame de 40 mil metros cúbicos de ácido sulfúrico en el Río Sonora y su afluente, el Bacanuchi… y de paso, echarán un ojo al escandaloso caso de la presa construida en terrenos del “ranchito” propiedad del señor Gobernador.

Desde luego, el Gobierno Federal también investigará la probable sociedad de Padrés con Germán Larrea y el Grupo Minero México. Recuerde que el señor Padrés, el señor Larrea, y los jefes de la mina Buenavista del Cobre, inventaron un diluvio para justificar el derrame de los tóxicos al río. Como no hay diluvio que hasta ahora haya arrojado tal cantidad de veneno, lo único que queda es la sospecha de que el señor Padrés es abogado defensor del señor Larrea. Ahora falta demostrar que Grupo México construyó la presa que apresa a Padrés, a cambio de protección, al estilo mafioso… es una posibilidad.

Ante estas muy probables relaciones peligrosas agregue usted la amenaza legal derivada precisamente de la construcción de la presa. El gobernador podría haber violado la Ley de Aguas Nacionales y el artículo 27 de la Constitución al apropiarse –a la mala– de 4 millones de litros agua del río, pues al parecer nunca pidió permiso ni concesión alguna.

Y eso no es todo. La torpeza del panista, quien al verse descubierto ordenó el desfogue de la instalación hidráulica podría ser parte del crimen ecológico cometido hace más de un mes. Al parecer, en su afán de deshacerse del líquido del delito, los encargados del “Pozo de los Padrés” decidieron devolverlo al río contaminado.

La sospecha abruma. Quizá por ello, el viernes por la noche, don Guillermo aparentemente entró en razón. Dio la bienvenida a los enviados presidenciales y garantizó todo el apoyo de su administración a los esfuerzos del Gobierno Federal; negó ruptura alguna.

Habrá quien diga que el gobernador duerme tranquilo arropado por el fuero constitucional, pero la protección de la ley tiene caducidad.

A este paso, la soberbia del sonorense podría marcar el destino de la contienda electoral a decidirse el primer domingo de junio. Sin querer, queriendo, Guillermo Padrés le está haciendo la chamba a los hambrientos tiburones priistas quienes han decidido recuperar a toda costa el control estatal perdido precisamente por la soberbia y negligencia de otro gobernador que fue suyo, Eduardo Bours, incinerado por el crimen insoluto de la Guardería ABC, ¿recuerda?


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