Exigen periodistas de Sonora cese al hostigamiento del Gobierno

Por Fernando Gutiérrez R. / Dossier Politico

Periodistas provenientes de diversas partes del estado realizaron este viernes una manifestación pacífica en Ciudad Obregón para protestar por las agresiones, amenazas e intento de censura a la labor informativa por parte de los tres órdenes de Gobierno, a través de elementos policiacos, cada vez más recurrente en el sur del Estado.

En una reunión, comunicadores, periodistas, reporteros gráficos, camarógrafos y representantes de diversos medios de comunicación electrónicos, impresos y cibernéticos, lanzaron un manifiesto donde exigen al Gobernador Guillermo Padres, el cese al hostigamiento contra periodistas que cotidianamente realizan su labores en condiciones de alto riesgo, ante el grado de animadversión que existe hacia ellos por parte, principalmente, de elementos policiacos de la PEI y Estatal Preventiva.

“La censura y la represión pudieron funcionar, pero ya no funciona en estos tiempos, cuando la tecnología ha pasado por encima de las medievales tentaciones autoritarias. Hoy, lo que más se pretende esconder, alcanza niveles insospechados de difusión, gracias a la tecnología de la información”, establecen los periodistas en la carta-denuncia.

Y agregan: Suponemos que el agente de la Policía Estatal que amenazó a un periodista en Cajeme, saboreando las palabras “ojalá te agarre de civil”, jamás pensó que esa amenaza trascendería. Ni siquiera le importó que estuviera siendo videograbado. El problema es que sí lo grabaron.

Por su importancia y necesidad de que la sociedad mexicana y sonorense en particular conozca del grado de indiferencia que se demuestra desde las altas esferas del poder público para garantizar el libre ejercicio del periodismo en esta región, Dossier transcribe íntegro el manifiesto difundido la víspera por representantes de medios de comunicación en esta entidad:

A la opinión pública:

El camino más corto a la barbarie comienza en Sonora.

Otra vez los periodistas de Sonora estamos en la calle, alzando la voz para exigir justicia, un alto a las agresiones hacia el gremio y el establecimiento de acuerdos básicos para garantizar el ejercicio de nuestra profesión, en el contexto de un país cada vez más violento y por lo mismo, cada vez más urgido de gobernabilidad, de acuerdos, de mesura, de serenidad.

Otra vez, como en abril de 2005, no queda otra más que alzar la voz.

Aquella vez salimos a preguntar por el paradero de Alfredo Jiménez Mota, periodista que aún sigue en condición de desaparecido.

Otra vez, como en junio de ese mismo año. Otra vez como en agosto de 2010.

Otra vez, como ahora y como siempre lo tendremos que hacer, hemos venido a decir “Ya basta”. No más agresiones a periodistas. No más coqueteos con la barbarie de una disputa que no es nuestra, pero a la que estamos obligados a asistir.

Para relatarla, porque ese es nuestro trabajo. Para documentarla, porque ese es nuestro trabajo. Para recrearla, porque ese es nuestro trabajo. Para aportar el parrafito que nos toca en el relato de la historia de estos días no del todo amables, pero ese es nuestro trabajo.

Como en 2005, en 2006 y en todos estos años que han formado una pila de más de 50 mil muertos, los periodistas estamos otra vez aquí para decirle al gobierno, con las palabras de Pablo Picasso cuando un oficial alemán le preguntó en el París ocupado por los nazis, quién había hecho esa porquería, refiriéndose al Guernica, famoso cuadro que relata el bombardeo alemán sobre la ciudad española de ese nombre: “esa porquería la hicieron ustedes, yo sólo la pinté”.

Los periodistas no somos, pues, los causantes de la barbarie, pero estamos obligados a relatarla. Es nuestro trabajo.

Comunicamos desde todas partes. Estamos en todos lados. La ciencia y la tecnología, benditas sean, se han puesto de nuestra parte. El arte de comunicar no pertenece a nadie y a la vez, nos pertenece a todos.

No entendemos, entonces, cómo el ejercicio de informar deba estar sujeto a lo que el gobierno y sus policías quieran. Eso es lo más parecido al Medioevo. A la ejecución sumaria. Al asesinato sin prueba. A la condena que surge desde el uniforme negro, el pasamontañas, las fornituras abastecidas de cartuchos, el arma larga que es motivo de corridos y leyendas.

Pero en México, en Sonora, en Cajeme, donde el crimen organizado y el desorganizado crecieron exponencialmente en los últimos años, provocando que el relato de la cotidianidad sea el de la muerte, la sangre, el zafarrancho, el fuego cruzado y los daños colaterales, ¿En qué lugar quedamos los periodistas, sobre todo, los que cubren esos hechos?

Creemos que el único lugar es la memoria histórica. Es la documentación de esos hechos. Es el ejercicio de esta profesión que un día abrazamos y que a pesar de todo, seguiremos abrazando.

No es una posición heroica ni suicida. Sólo es el refrendo de la convicción de que la democracia es simulación, mentira, palabra hueca, si los periodistas no estamos en el lugar de los hechos, cuando éstos ocurren.

No nos engañemos. La censura y la represión pudieron funcionar, pero ya no funciona en estos tiempos, cuando la tecnología ha pasado por encima de las medievales tentaciones autoritarias. Hoy, lo que más se pretende esconder, alcanza niveles insospechados de difusión, gracias a la tecnología de la información.

Suponemos que el agente de la Policía Estatal que amenazó a un periodista en Cajeme, saboreando las palabras “ojalá te agarre de civil”, jamás pensó que esa amenaza trascendería. Ni siquiera le importó que estuviera siendo videograbado.

El problema es que sí lo grabaron.

Por eso hoy no sólo hemos venido a alzar la voz para exigir el cese a las agresiones. Hemos venido para hacer un planteamiento serio. Una convocatoria pública que busca ser escuchada en las esferas del gobierno. En las instituciones defensoras de los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil que han estado pendientes de este tema.

La propuesta es instalar, cuanto antes, una mesa de diálogo en la que participemos todos, y en la que podamos construir un protocolo de seguridad para la cobertura periodística de hechos riesgosos.

No es algo nuevo. Ya se ha hecho en otros estados y aquí lo podemos hacer. Frente a la barbarie, urge la construcción de acuerdos. Hagámoslo.

No planteamos escenarios de confrontación, sino campos de diálogo, de los que broten acuerdos, por el bien de este país tan lastimado por la penosa, lamentable idea, de que si antes estaba igual, ahora no tiene por qué ser diferente.

Los periodistas preguntamos, porque al fin y al cabo, es nuestro trabajo, preguntar: ¿Es más peligrosa una cámara o una libreta, que el temeroso dedo de un policía jalando el gatillo? ¿Los policías han pasado todos los exámenes de control, o sólo les piden militancia en el gobierno que les da no sólo trabajo, sino la oportunidad de chingar gente?

Periodistas sonorenses, desde Cajeme, le hacemos una propuesta al gobernador Guillermo Padrés, y a sus asesores evidentemente fallidos en esta área:

1.- Mantengamos la serenidad.

2.- Abramos vías de comunicación distintas a las que hasta hoy, son fallidas.

3.- Reconozcamos las diferencias políticas, ideológicas y hasta personales, pero salvaguardemos lo más preciado, que es el derecho de vivir en paz.

4.- Si usted, señor gobernador, y su familia, tiene salvaguardado ese derecho, nosotros los periodistas, no.

5.- La experiencia en otros estados indica que después de las amenazas verbales a periodistas, lo que sigue es la desaparición y la muerte.

6.- No queremos que eso vuelva a ocurrir en Sonora. Por eso, de parte de los periodistas sonorenses, le decimos al gobernador: aquí hay una mano tendida. Dígale a sus subalternos que no aprieten el puño, porque ese es el camino más corto a la barbarie.


Muchas gracias.

¡Animate a Opinar!